Entrega de Galardón «Vicenta Laparra de la Cerda» a Marta Elena Casaús

Entrega de Galardón «Vicenta Laparra de la Cerda» a Marta Elena Casaús


La Asociación Premio Artista del Año, bajo la conducción de María Eugenia Gordillo, realizó la entrega del Galardón “Vicenta Laparra de la Cerda” a la Dra. Marta Elena Casaús en reconocimiento como Artista del Año en su Edicion XLV a su destacada trayectoria intelectual, ética y humana. Este homenaje, que no había podido realizarse hasta ahora, se concretó finalmente en una ceremonia profundamente emotiva y significativa. María Eugenia Gordillo Morales es una mujer que ha dedicado más de seis décadas a promover el arte, la literatura y el periodismo; un ejemplo de perseverancia en la defensa de la cultura para todas y todos. Expresó que entregar este reconocimiento a la Dra. Casaús fue un honor largamente esperado.

El acto rindió homenaje la Dra. Casaús, una vida dedicada al pensamiento crítico, la defensa de los derechos humanos y la construcción de memoria desde la investigación y el compromiso social. Su aporte ha sido referente para quienes buscan comprender y transformar la realidad del país desde una mirada ética y humanista.

Durante su intervención, la Dra. Casaús recordó el legado y lucha de Vicenta Laparra y la de tantas mujeres por educar, escribir y pensar en un país que con frecuencia les negó ese derecho. También subrayó que los desafíos actuales —la desigualdad, la exclusión, la violencia y la invisibilización de las voces femeninas— siguen vigentes. Para la Dra. Casaús, recibir esta orden es “un recordatorio de que debemos continuar trabajando para que las mujeres tengan acceso pleno a la educación, a la cultura, a la palabra y a la ciudadanía”.

La Fundación María y Antonio Goubaud Carrera agradece con admiración este reconocimiento, organizado con tanto esfuerzo y dedicación por la Señora María Eugenia Gordillo, presidente de Asociación Premio Artista del Año, honrando el legado de Vicenta Laparra y la contribución de la Dra. Casaús a la conciencia colectiva nacional.

Palabras de Agradecimiento de Marta Elena Casaús


Queridas amigas y amigos, estimadas colegas, distinguidas autoridades, apreciada María Eugenia Gordillo:

Recibir hoy la Orden Vicenta Laparra de la Cerda es un honor que me conmueve profundamente. Este reconocimiento lleva el nombre de una mujer extraordinaria, una pionera que abrió caminos en un siglo que no estaba preparado para escuchar la voz de las mujeres. Vicenta Laparra fue dramaturga, poetisa, periodista, educadora y defensora incansable de los derechos de las mujeres. Su legado nos recuerda que la palabra escrita puede ser un acto de valentía y que la educación es una herramienta de emancipación.

Que esta distinción lleve su nombre no es un detalle menor: es una invitación a continuar su lucha, a mantener viva la convicción de que la cultura, la educación y el pensamiento crítico son pilares indispensables para construir una sociedad más justa y más humana.

Quiero expresar mi agradecimiento más profundo a la organización que otorga esta orden, y en especial a María Eugenia Gordillo, una mujer cuya trayectoria es, por sí misma, un patrimonio cultural de Guatemala. María Eugenia ha dedicado más de seis décadas a promover el arte, la literatura y el periodismo; ha sido pionera en espacios donde antes no había mujeres; ha creado premios, impulsado carreras, abierto puertas y sembrado vocaciones. Su labor en la Hemeroteca Nacional, su compromiso con la memoria documental del país y su incansable defensa de la cultura son un ejemplo para todas y todos nosotros.

Recibir una distinción creada por ella y otorgada por una organización que reconoce el aporte humanista de las mujeres es un gesto que valoro con enorme gratitud y responsabilidad.

Este reconocimiento me invita a mirar hacia atrás y recordar a las mujeres que, como Vicenta y Jesusa Laparra, lucharon por educar, escribir, publicar y pensar en un país que muchas veces les negó ese derecho. Vicenta fundó el primer periódico femenino del país, La Voz de la Mujer.

Una de las mejores estudiosas de doña Vicenta, Patricia Arroyo, en uno de sus excelentes trabajos —además del libro que está a punto de publicar— comenta que:

“Los semanarios La Voz de la Mujer (1885) y El Ideal (1887-1888) fueron las primeras publicaciones periódicas íntegramente escritas por mujeres y destinadas fundamentalmente a un público femenino que aparecieron en la región centroamericana.”

La Voz de la Mujer fue una empresa sin duda modesta que involucró únicamente a las dos hermanas Laparra —Vicenta y Jesús—. Se anunciaba como “un periódico [que] saldrá a luz todos los sábados […] escrito por señoras guatemaltecas” y aspiraba a ser una publicación donde no se hablara de la cosa pública —por considerar las redactoras que “la política es campo demasiado estéril para las señoras”—.

Lo que las hermanas Laparra prometían a sus lectores era ocuparse de “aquellos puntos que pertenezcan exclusivamente a la mujer, según el interesante papel que ella tiene que representar en la escena social”, además de publicar pequeñas novelas —lo cual nunca llegó a ocurrir— y composiciones poéticas. La vida de La Voz de la Mujer fue corta, ya que Vicenta y Jesús Laparra apenas lograron publicar cinco números.

El Ideal, puesto a disposición del público el 10 de diciembre de 1887, aspiraba a convertirse en el “Órgano de los Intereses de la Mujer” y estaba “redactado solamente por Señoras”. Durante su andadura de veinte números, el semanario publicó una plétora de poemas, dedicatorias, ensayos originales sobre temas morales, pedagógicos y sociales —así como la reproducción de un artículo sobre “La mujer estudiosa”, de Concepción Gimeno de Flaquer—, además de relatos por entregas, anuncios sobre actividades benéficas, reclamos comerciales, efemérides, breves reseñas de publicaciones y repetidos llamamientos a los suscriptores que, si bien se declaraban numerosos, al parecer no eran demasiado aficionados a abonar sus cuotas a tiempo.

Por último, estos semanarios también publicaron una variedad de ensayos sobre la correcta administración del hogar, a los que dedicaré mi atención en la segunda parte de esta charla.

Las mujeres que acompañaron a Vicenta Laparra en el cuerpo de redacción de El Ideal fueron las poetas Isabel M. de Castellanos, Sara María García Salas y Carmen P. de Silva, cuyo esposo, Felipe Silva, era autor de un diccionario de lenguas mayas y un conocido dramaturgo de piezas de temática indigenista, además de —muy convenientemente— el dueño de la imprenta donde se producía El Ideal.

Además de ellas, se unieron al proyecto dos figuras importantes: las maestras Rafaela del Águila y Adelaida Chéves, cuyo padre financiaba la publicación del semanario gracias a los ingresos obtenidos en la fábrica de hielo y aguas gaseosas que poseía en el departamento de Retalhuleu. Junto con Vicenta Laparra, Rafaela del Águila y Adelaida Chéves formaron parte de los círculos de pedagogos y pedagogas a los que el régimen de Justo Rufino Barrios encargó la expansión y la laicización del sistema de enseñanza en Guatemala.

Además de ello, Vicenta dirigió un colegio de señoritas y escribió obras que cuestionaban las normas sociales de su tiempo. Ella entendió que la educación era un acto político y que la palabra podía abrir caminos donde antes solo había silencio.

Hoy, más de un siglo después, seguimos enfrentando desafíos similares: la desigualdad, la exclusión, la violencia, la invisibilización de las voces femeninas. Por eso, recibir esta orden no es solo un honor personal; es un recordatorio de que debemos continuar trabajando para que las mujeres tengan acceso pleno a la educación, a la cultura, a la palabra y a la ciudadanía.

Quiero agradecer también a mi familia, al equipo de la Fundación, a mis colegas, a las comunidades con las que he trabajado y a todas las personas que han acompañado mi trayectoria. Nada de lo que he hecho ha sido en soledad; todo ha sido fruto de encuentros, diálogos, debates, afectos y aprendizajes compartidos.

Este reconocimiento me reafirma en la convicción de que la cultura no es un lujo, sino una necesidad; que la educación no es un privilegio, sino un derecho; y que la palabra —esa herramienta que Vicenta Laparra defendió con tanta fuerza— sigue siendo una de las formas más poderosas de transformar el mundo.

Hoy recibo esta orden con humildad, con alegría y con un profundo sentido de responsabilidad para el futuro de nuestro país. La recibo en nombre de todas las mujeres que han luchado por abrir espacios en la cultura, en la educación y en la vida pública; en nombre de quienes siguen escribiendo, enseñando, investigando, creando y soñando con un país más justo.

Gracias, María Eugenia, por tu ejemplo, por tu generosidad y por tu legado. Gracias a la organización por este honor. Gracias a todas y todos ustedes por acompañarme en este momento tan especial.

Muchas gracias a todos por acompañarme y estar con nosotros este día.

Transimisión


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